Una parabólica en la selva de Lipeo

El maestro Eliseo, de la escuela de Lipeo, contrató el servicio de televisión por satélite. Como la empresa no llegaba a los parajes perdidos en la selva, tuvo que hacer instalar la antena parabólica en su domicilio de la ciudad de Orán.

Un domingo por la mañana subió al techo de la casa y con sus propias manos desinstaló la parabólica, después la metió en una caja de cartón y se fue directo a la terminal de micros. Con un bolso y la caja de cartón viajó al pueblo fronterizo de Aguas Blancas, allí cruzó en bote el río Bermejo hasta Bolivia. Tomó otro colectivo hasta el Puente Internacional que une las localidades de La Mamora (Bolivia) con la de Los Toldos (Argentina) y caminando ingresó nuevamente al país. Una camioneta lo acercó al pueblo y un tractor lo llevó hasta Lipeo.

Aquel lunes, después de clases, sacó la antena parabólica de la caja de cartón y subió al techo de la escuela. Sus alumnos lo observaban con asombro y curiosidad. Con ayuda de los varones de octavo y noveno logró hacer todas las conexiones tal cual tenía dibujado en un papel. Al mismo tiempo la maestra encendía el televisor.
Entonces el maestro comenzó a girar el enorme plato de la antena teniendo en cuenta los puntos cardinales. Primero fue una lluvia, después rayas y por último los gritos y las risas de los chicos que anunciaban la llegada de la imagen.

   
 

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Escuelas de tierra adentro
Año 2008