Textos. Pablo Valle. Crónicas fotográficas
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Por la puerta de atrás

¡Aguanta que llegamos! – decía, y sus palabras se mezclaban con el sonido del río golpeando en la piedras. Por el sendero oscuro caminaba sin detenerse y el rancho iba quedando atrás. No había luna, ni siquiera una estrella y la linterna tenía poca pila.
Quién se iba a imaginar este apuro, si todavía no había cumplido el octavo mes. Para colmo la madre estaba cuidando a la tía enferma a unas horas de su casa, el padre en la cosecha de tomates por Pichanal, y la Gabina y el Catriel se habían quedado a dormir en la escuela. Estaba sola, dos perro flacos la seguían.  

¡Aguanta que llegamos! – su respiración se agitaba a cada paso, marchaba con torpeza mientras con las manos sostenía su panza. Las contracciones eran cada vez más frecuentes y sus piernas más débiles. El puesto sanitario quedaba como a dos horas por una trocha angosta a través del monte. De repente la lluvia comenzó a golpear las copas de los árboles. El bebé tenía apuro por salir.

¡Aguanta que llegamos! – caminaba casi corriendo, olvidándose de los dolores. El barro resbaladizo complicaba aún más las cosas. Estaba extenuada, las piernas no le respondía y sentía que el bebe asomaba su cabeza. Entonces decidió recostarse a un lado del camino, bajo un viejo nogal.
Acompañada por los perros, Berta abrió sus piernas y sin hacer demasiado esfuerzo parió un varón. Enseguida cortó el cordón umbilical con una piedra. Leo llegaba al mundo.

Lipeo - Salta

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